MIS PRIMEROS CUERNOS CONSENTIDOS


Mi nombre es Antonio, tengo 38 años y llevo casado 6 con una preciosa mujer, Sonia, de 37 años, aunque aparenta algo menos. Tenemos una preciosa niña de 5 años y otra de 2. Mi mujer mide 1.75, es algo llenita, pero su altura hace que no llegue a estar gorda. Tiene unos grandes y redondos pechos que no duda en poner en topless en la playa o mostrar con generosos escotes, ya que tiende a utilizar ropas anchas.

Los tres primeros años de matrimonio transcurrieron de una forma normal en cualquier pareja, si bien fantaseábamos mucho cuando hacíamos el amor con todo tipo de ocurrencias. En algunas ocasiones era ella quien me contaba como le gustaría ser poseída por un negro; otras era yo quien le contaba lo que me gustaría hacer con alguna madurita de enormes pechos. Otras veces nos alquilábamos alguna película erótica y al hacer el amor le pedía que me contara cuanto le gustaría que le hicieran todo lo que acabábamos de ver. Así, mi obsesión fue creciendo y cada vez más las fantasías se centraban en que ella se lo montaba con otro, tanto más me excitaba si era algún conocido o si era más joven. Teníamos un vecino de unos 18 años y, no solo me pajeaba soñando que se lo tiraba, sino que le pedía a ella que me contara con todo lujo de detalles como le gustaría que nuestro vecino se lo montase con ella. Ella me complacía, pero en ningún momento se le había pasado por la cabeza llevar a la realidad nuestras fantasías y yo, por mi parte, una vez que me había corrido ya no estaba tan seguro de mis sentimientos.

Llegó una temporada en la que teníamos poca actividad sexual, lo que me cabreaba. Por otra parte me había fijado en un par de amigas que estaban muy bien, pero a las que no podía echar mano, pues con mi mujer me llevo muy bien y no se me pasaba por la cabeza poner en peligro nuestro matrimonio. Puesto que tanto me obsesionaba verla con otro, si lo conseguía, mataba dos pájaros de un tiro, pues yo también obtenía vía libre para hacer lo que quisiera. De ese modo empecé a insistir más en la fantasía de que ella se acostaba con otro. A ella tampoco le disgustaba la idea de hacérselo con un negro (era su fantasía favorita) y de vez en cuando notaba que se mojaba al fantasear con algún conocido.

Durante nuestras fantasías, yo le decía las cosas que más me excitaba que hiciera con otro: que se lo follara a caballo o a cuatro patas, que le hiciera una mamada y lo corriera sin sacársela de la boca, que lo masturbara y que lo besara cuando se estuviera corriendo, y que él la masturbara a ella y se corriera besándolo. Sin embargo, Sonia me decía que le gustaba ser poseída y no ser ella la que llevara la iniciativa. Otra cosa que también me excitaba mucho es que él fuera más joven que ella.

Por motivos de trabajo no era tan fácil, pero tampoco se negaba. Yo poco menos que le suplicaba que se follara a otro cuando tuviera la oportunidad. Al final prometió intentarlo.

Un buen día, al venir de un viaje en Madrid me contó que había visto a uno que le gustaba. Era el camarero de un bar en el que había cenado y se intercambiaron algunas miradas. A los dos días la cosa se repitió, llegando a intercambiar algunas frases triviales. Diego (así se llamaba), media sobre 180, parecía bastante fuerte y tenía 21 años (no le gustan especialmente tan jóvenes, pero yo le había dicho mil veces que me excitaba más, sí fuera más joven que ella). Cuando vino y me lo dijo, yo le eché en cara que no se hubiera lanzado más, pero seguía sin tenerlo claro, aunque le había gustado bastante. Además, él no tenía ninguna relación con su entorno por lo que su prestigio tampoco se vería afectado. Poco antes del siguiente viaje le pedí que al menos lo intentara, aunque ella solo me prometió dejarse llevar por lo que ocurriera, pero sin forzar nada.

Me ha contado tantas veces lo que pasó, y con tanto detalle, que puedo escribirlo casi sin pensar. Llegó un lunes a Madrid, después del trabajo se puso un vestido informal, pero ancho (de los que dejan ver el canalillo de las tetas sin esfuerzo y las tetas enteras a poco que se incline) y sobre las 11 de la noche (para que hubiera menos gente

) se fue al bar a cenar. Estaba casi vacío y Diego era el único camarero esa noche. La cena transcurrió con normalidad, con intercambio de frases triviales, aunque se dio cuenta enseguida de que el objetivo de su mirada era su escote. Ella no bebe nunca, pero esa noche ya iba predispuesta a acompañar la cena con un par de cervezas, lo que la animó bastante. Cuando terminó de cenar no quedaba nadie en el bar y le puso un licor pagado por la casa, a la vez que se sentaba en su mesa. Continuaron hablando durante media hora de lo que ella consideró gilipolleces divertidas. Estaba intentando ligársela y ella se daba perfecta cuenta y se prestaba a ello inclinándose inadvertidamente para dejarle una buena panorámica. En un momento en el que Diego no apartaba la mirada descarada de sus tetas, ella se lo recriminó, lo que le dio pie a justificarse alabando lo buena que estaba. Esto derivó la conversación a asuntos más picantes (especialmente sobre sus pechos) y tras una hora de conversación en la que Sonia le dio pie, él se atrevió a acariciárselos con la mano. El hielo se había roto.

Se levantó para bajar la persiana y cerrar el bar y, al volver se situó detrás de ella, masajeándole la nuca. No tardó mucho tiempo en meter la mano por su escote y magrear sus tetas, cada una ocupa una mano abierta. Ella se dejaba hacer sonriente. Ante su pasividad, le desabrochó el sujetador y, desde atrás, empezó a masturbarla con los pezones, lo que le puso muy caliente. Mientras, le mordisqueaba el cuello. La levantó y la llevó hacia un lugar más discreto. Estaba muy excitada así que cuando el bajó la mano al coño para acariciarle el clítoris, lo tenía empapado. Siempre desde detrás de ella, con la otra mano le forzaba la cara para girársela hacia detrás y besarla. Mientras, se había bajado los pantalones y ella lo masturbaba como podía. Cuando mi mujer estaba a punto de correrse, él se detuvo, se la llevó a un cuarto, la desnudó entera e intentó follársela de pie contra la pared. Ella le contestó que primero quería correrse y que se lo hiciese desde atrás como antes (estaba muy a gusto y no suele correrse follando, así que no q morbo de la situación, el hecho de que fuera la primera vez que estaba con otro y fuera tan joven la tenía completamente entregada. Se arrodilló delante de él y todavía morcillona se la metió en la boca. Era la primera vez que probaba una distinta de la mía y esta era algo más grande. La tumbó en el suelo, se puso encima y se hizo una cubana con sus tetas, justo cuando iba a correrse, se deslizó y se la metió de nuevo. Aguanto un poco sin moverse y comenzó a follársela. Ella sentía su peso y le suplicaba que se lo hiciera despacio. Finalmente le empezó a acariciar los huevos, lo que terminó de descomponer a Diego, que se corrió como un poseso. Tomaron un café y él tuvo tiempo de ponerla a cuatro patas, masturbarla con el clítoris y cuando todavía jadeaba, pegarle otro polvo.

Ella no pensó en volver, pero al día siguiente me llamó por teléfono y me lo contó. Temía mi reacción, pero yo no solo reaccionaba bien sino que además le pedía detalles y me quejaba por no haber hecho más cosas. Ella había disfrutado mucho, recibido tres polvos en una noche y se había corrido varias veces. Eso era más de lo que yo le daba en diez días así que se lanzó a un segundo encuentro. A los dos días volvió por el bar y se las arregló para quedarse solo. Cuando llegó el momento de cerrar, empezaron a besarse y él a meterle mano en una metódica masturbación de pezones, cuando ella estuvo bien mojada, él la hizo sentarse en la cama y le restregó el pene por las tetas. Ella lo cogía con la mano, le daba besos en la punta, hasta que se lo engulló entero. Antes de correrse, mi mujer se puso a cuatro patas y le pidió por favor que la follase, cosa que hizo encantado hasta que se corrió otra vez dentro de ella. Después ella lo volvió a poner a punto a base de manos y lengua y le hizo sentarse en una silla, donde se sentó encima de su rabo, mientras le miraba. Él se la folló bien cogida del culo. Al cabo de otro rato, Sonia tomó de nuevo la iniciativa y empezó a acariciársela. De nuevo, Diego terminó sentado con Sonia arrodillada haciéndole una paja-mamada. Sin embargo,

al rato la iniciativa cambió de manos y fue él quien uso la cabeza de Sonia para pegarle un polvo por la boca. Ella poco pudo hacer, sino respirar como podía, tragar saliva y recibir todo el semen dentro, que después dejó escapar y chorrear por sus tetas (no se lo traga). Después de la corrida, él mantuvo su pene morcillón en la boca un par de minutos hasta que quedó exhausto tendido boca arriba.

Descansaron un rato, ella le dijo que estaba casada y que su marido estaba loco por que ella le pusiera los cuernos con alguien más joven y el había sido el elegido. Diego rió a gusto y se lo tomó a bien. Le dijo que no se preocupara, que haría de su marido el cornudo más grande de España. Cuando Diego le preguntó si a su marido le excitaba algo especial ella le dijo que ya lo había hecho, pues me excitaba sobremanera que recibiera en su boca el semen de otro y se la acababa de follar por la boca. Muchas veces le había dicho que si me ponía los cuernos alguna vez, se pusiera delante del otro, con los brazos abiertos, y le dijera aquí me tienes, soy tuya, haz con mi cuerpo lo que te plazca. Y eso hizo. Diego se tiró encima de ella y se la folló con una furia inusitada, apretándole las tetas hasta hacerle daño, morreándola en plan violación y no parándose hasta haberse corrido dentro de ella.

Cuando vino me lo contó con todo detalle y cada vez que nos acost&aacu más jóvenes que nosotros y al final ella se fijó en uno de unos 25 años, que iba con un grupo de amigos. Y lo hizo porque era negro. Este hecho, junto con mis ánimos le hizo cambiar de opinión. Como no sabíamos por donde atacar pidió un cubata y salió a la pista con él de forma que cuando estaba al lado de Juan (así se llamaba) le dio un golpe y le desparramó el cubata. Ella se hizo la culpable y se ofreció a pagarle otro y así entablaron conversación.

Media hora después estaban en el piso de arriba dándose el lote. Yo podía ver como él la morreaba y le sobaba las tetas a conciencia, ella le metía mano por encima del pantalón. En un momento dado ella fue al servicio donde la abordé y le pregunté como iba todo. Ella dijo que bien, que iban a ir a dar una vuelta por la playa y que no quería verme por allí. Así que le dejé ir. Después me contó que en la playa habían ido hasta una de esas barcas que se dejan varadas en la arena y que lo primero que había hecho era arrodillarse delante de él y hacerle una buena mamada y una cubana. Después él le quitó las bragas (llevaba falda), le levantó una pierna y se la folló allí mismo, de pie, mientras ella apoyaba una mano en la barca. Más relajados, se sentaron al lado de la barca y ella empezó a masturbarle hasta que estuvo a punto. Entonces la puso de pie frente a él y se la metió, lo hizo despacio y disfrutando del momento y, justo antes de correrse, cambiaron de postura y ella le cabalgó hasta que se corrió morreándole. Por último, ella pidió su parte y él la masturbó despacio, manoseándola toda. Me dijo que se corrió como una loca mientras se besaban. Después regresaron a la discoteca y me contó lo que había pasado. Inmediatamente tuvimos que ir al hotel a tener una buena sesión de sexo mientras me contaba los detalles.

Sin embargo Sonia no quedó satisfecha, pues su fantasía no era tener un polvo rápido y, como me dijo, con nocturnidad y alevosía. Ella siempre había soñado con ser poseída y dominada por un hombre de color, y me dijo que la iba a cumplir. El negro estaba acampado con los amigos en un camping cercano y durante los tres días siguientes Sonia se fue por la mañana y regresó por la tarde. Por no extender el relato hasta el aburrimiento no contaré más detalles, pero desde luego que durante esos tres días se entregó al negro por completo& y también a otro más (que no soy yo, por cierto). Respecto de Diego, ella volvió por Madrid, pero lo mejor fue cuando se quedó embarazada y no dejó de viajar. Es más, yo le acompañé en el último viaje, con más de ocho meses de embarazo.

Autor: JB jnema ( arroba ) hotmail.com

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