A la playa con amigos


playa amigos

El morbo era alucinante. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Mi mujer y yo solemos ir a playas nudistas. Ella se llama Marta, 32 años, de mediana estatura, rubia de melena corta, pechos ni grandes ni pequeños, eso sí, firmes y con unos pezones perfectos, de color rosa; su color de piel es más bien blanquita, culito bien formado. El pubis lo lleva siempre depilado, dejándose un triángulo de pelo, pero con los labios totalmente libres de vello. Mi nombre es Néstor, tengo 36 años, soy alto, moreno y unos 16 cm respecto a mi aparato. Yo sí que llevo toda la zona del pubis completamente depilada, me encanta esa sensación de suavidad, y mi mujer lo agradece cuando practicamos sexo oral.

Nos gusta hacer nudismo por la sensación de libertad que te da. Nada oprime tu cuerpo. Solemos ir a la playa de Calblanque. Allí la gente va muy a lo suyo, y no suele haber mirones. Es una playa muy extensa, donde el agua está siempre cristalina. Además, tiene zona nudista y no nudista.

El pasado fin de semana estuvimos cenando con una amiga de mi mujer y su novio. Ella se llama Carmen, tiene su misma edad, es morena con el pelo largo. Su novio se llama Luis, 34 años y de mediana estatura. Durante la cena surgió el tema de pasar un día en la playa los cuatro juntos. Nosotros les propusimos ir a Calblanque por lo bonita que era. Era el mes de julio y como los cuatro estábamos de vacaciones, quedamos para ir el martes.

Salimos de Lorca con destino a la playa. Después de una hora y media llegamos a nuestro destino. Había poca gente y como de costumbre decidimos ir a la zona nudista. Conforme íbamos por la orilla, se veía gente desnuda y vestida. Nosotros nos adentramos hasta una zona de pequeñas calas. Allí no había nadie. Plantamos la sombrilla y empezamos a sacar las toallas, protectores solares y demás enseres. Las chicas se quitaron la ropa quedándose en el biquini que llevaban debajo. Nosotros en bañador. El día era precioso, lucía el sol y el mar estaba en calma.

Nos untamos de protector solar y nos tumbamos. A la media hora llegó una pareja y se pusieron a tomar el sol cerca de nosotros. Directamente se quedaron desnudos. Ambos iban totalmente depilados. Aquella situación me empezó a dar envidia y se lo comenté a mi mujer, quien me dijo “vayamos por partes”, pues nuestros amigos era la primera vez que iban a una playa nudista.

Se puso a hablar con su amiga Carmen, proponiéndole hacer top-less, cosa que hicieron. Mi mujer se quitó la parte de arriba, dejando al sol sus preciosos pechos, cuyos pezones estaban duros –probablemente porque nunca lo había hecho delante de amigos-. Le siguió Carmen, que tenía unos pechos grandes, pero no con la firmeza de los de mi mujer, estaban muy blanquitos en contraste con el moreno del resto de su cuerpo. Al principio se sonrojó, pero enseguida empezó a darles protector solar y se acostumbró a la situación.

Entonces mi mujer dijo: “bueno, como siempre, no hay igualdad; nosotras nos quitamos una prenda y vosotros ninguna”. Yo le contesté “no es la misma prenda, pero si es que os sentís en desigualdad…”.

Miré a Luis y le dije: “¿nos damos un baño?”. Luis me contestó que sí, guiñándome un ojo. Nos levantamos y cuando estábamos en la orilla nos despojamos de los bañadores. Las chicas empezaron a silbarnos “¡que culitos, a ver si os dais la vuelta, machotes!”. Nos metimos al agua, y estuvimos cerca de media hora nadando y hablando.

Salimos del agua, y mientras nos dirigíamos donde estaban las chicas, vimos que estaban tomando el sol boca abajo, pero ¡totalmente desnudas!  Podíamos ver dos culitos preciosos; el de mi mujer dejaba entrever su almejita depiladita y Carmen tenía el culo blanquito igual que sus pechos. Esto me produjo una reacción en mi polla, pero vamos, no era el único, pues miré a Luis y también. Nos miramos y nos quedamos mudos.

Ya que ellas nos habían dado la sorpresa, decidimos dar un nuevo paso. Al llegar donde estaban, nos colocamos detrás de ellas, pero de la pareja del otro. Cogimos el aceite solar y empezamos a darles aceite por la espalda, bajando por la cintura hasta llegar a sus culitos.

Ellas se movían por el morbo que les daba la situación, pero sin saber que quien les tocaba no era su pareja, sino la contraria. Seguimos avanzando por sus culitos hasta sus rajitas. Carmen tenía una almejita carnosa, de esa que yo le llamo “con alas”. Mis dedos untados de aceite se perdían en su chochito, el cual estaba húmedo y caliente. Mientras escuchaba como mi mujer Marta empezaba a jadear, mientras Luis masajeaba sus partes más íntimas.

Se dieron la vuelta y nos descubrieron “¡que pillos que sois, nos habéis engañado, pero sabéis, no está nada mal que te manosee el ajeno delante de tu pareja!”, dijo mi mujer. Carmen dijo: “esto tenéis que terminarlo machotes, no nos podéis dejar a medias, ni vosotros quedaros sin premio, pero cada uno con su pareja”.

Y juntos, pero no revueltos, empezamos a comerle las almejitas a nuestras parejas. Mi mujer llevaba totalmente depiladito el chochito para la ocasión y Carmen tenía hechas las ingles brasileñas. Nunca antes habíamos hecho el amor con alguien de testigo. El morbo era alucínate. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Entonces decidieron que les tocaba a ellas actuar, por lo que nos tumbamos boca arriba. Mi mujer se puso encima al igual que Carmen con Luis. Yo me deleitaba con las tetas de Carmen mientras mi mujer me lamía los pezones.

Nos vendaron los ojos a Luis y a mí, diciéndonos “ahora nos toca a nosotras daros placer”. Mi mujer me cogió la polla, se la metió en la boca mientras me acariciaba los huevos. Mi polla estaba a punto de reventar, estaba caliente, notando como los labios de Marta se la comían. Luis decía que no aguantaría mucho. De  pronto, Carmen dice: “a la de tres podéis abrir los ojos, nos encantará ver como os corréis los dos a la vez”.

Cuál fue nuestra sorpresa que descubrimos que nos habían devuelto con la misma moneda. ¡No era mi mujer quien me estaba chupando la polla, era Carmen! Y ¡Marta a Luis! Mi excitación fue tal, que empecé a correrme de placer, saliendo un semen blanco puro como no recuerdo nunca. Luis hizo lo mismo, corriéndose en las tetas de mi mujer.

Después de esto volvimos otro día, juntos a Calblanque, pero no quisimos repetir la experiencia para no dañar nuestras respectivas relaciones.

Autor: Playes

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